Mi infertilidad – FIV/ICSI

Como os conté en el anterior post, hicimos dos IA que fueron fallidas y de vuelta de las vacaciones, en octubre de 2013, decidimos pasar a FIV. Lo comentamos con la Dr. Mercedes Mayoral y de repente tuvimos un golpe de suerte. Nos comentó que justo en ese momento estaban buscando “candidatas” a participar en un estudio de un nuevo medicamento para tratamientos de RA. Las condiciones para poder acceder al estudio eran:

– Ser menor de 38 años. Ahí tenía 37.

– Haber pasado por varias inseminaciones fallidas anteriores.

–  Querer hacer FIV/ICSI

– Sólo podían poner embriones que llegaran a blastocito de mínimo 5 días.

El estudio cubría todos los gastos de la FIV, la medicación y en caso de negativo, también cubría los transfer de los congelados. Vamos, todo. El estudio consistía en comparar dos medicamentos, Gonal y el nuevo que estaba en estudio. Por sorteo, me darían un medicamento u otro, la cantidad a ponerme pero eso sólo lo sabríamos las enfermeras y yo. El doctor que me llevase la FIV, que no iba a ser la Dra. Mayoral ya que había asignado el estudio a otros doctores, no podía saber en ningún momento qué medicación estaba ni cuánto me pinchaba. Y sólo mediante las ecos de control iría diciendo si había que subir o bajar la dosis. Pintaba bien, ¿no?

En parte daba un poco de miedito, ya que esa medicación, aunque había pasado todos los controles, aún estaba en estudio pero la verdad es que teníamos poco que perder y mucho que ganar. Evidentemente accedimos a entrar en el estudio aunque para ello teníamos que esperar hasta febrero del año siguiente. No todo podía ser tan bonito, pero bueno, el dinero era algo que me agobiaba mucho en ese momento ya que acabábamos de montar un negocio y ya se sabe los duros que son los comienzos.

Y llegó febrero y por fin la regla de la llamada. Me pasaron con la enfermera y me dice que no podíamos empezar en ese ciclo porque todavía no había llegado la medicación. ¿Cómo? ¿Que tengo que esperar un mes más? Os podéis imaginar los nervios y miedos que llevas acumulados en los meses de espera, pues se los solté todos por teléfono a la enfermera. Madre mía todo lo que pude soltar por esta boquita. Cómo me puse, ni yo me reconocía. Cuando colgué lloré muchísimo, con una mezcla de rabia, desesperación, impotencia y sobre todo vergüenza por lo que acababa de suceder. ¿Qué me había pasado? Yo no soy así. Fue un momento horrible. Por un momento pensé si merecía la pena haberme metido en el estudio y haber perdido 4 meses, pero si, merecía la pena. Al día siguiente, ya en frío y aún con la vergüenza por lo que había hecho, llamé a la clínica y pedí hablar de nuevo con la enfermera para pedirle perdón. No sé la de veces que me pude disculpar. Me dijo que lo entendía, que no me preocupase.

No me quedaba otra que seguir esperando. En marzo, con la siguiente regla volví a llamar pero ya con el miedo que me dijeran que tampoco podría empezar, pero nada más lejos de la realidad. La medicación había llegado y no había motivo para no empezar el tratamiento.

Me midieron, me pesaron y me dieron la medicación que me tenía que pinchar. Y todo lo demás normal, ecos de control hasta estar preparada, último pinchazo y a la punción. Nervios de nuevo por la anestesia pero todo fue muy bien. Sacaron 14 óvulos, de los que fecundaron 6 y finalmente quedaron 3 que llevaron a blasto de 5 días. Fue un poco decepcionante pero bueno, en realidad nos valía con 1. Llegó la transfer y la dichosa betaespera. 6 días antes de la beta empecé a manchar. Era un manchado entre marrón y rosa. Llamé a la clínica y me dijeron que no me preocupase que podría ser el sangrado de implantación. Imaginaos el momento de ir al baño. Pánico era poco. Iba cada 20 minutos. Se convirtió en una obsesión. El día antes de la betaespera, en el trabajo fui al baño y vi todo el pantalón manchado de rojo. Algo iba mal, muy mal. Eso ya no era normal. Llamé al IVI y me dijeron que guardase reposo hasta el día siguiente que me harían la beta. Así lo hice, me fui a casa, lloré y lloré y a dormir para ir a la beta a por el tercer negativo. Hora y media después de sacarme sangre recibí la llamada, y esa misma enfermera a la que grité me dijo: Raquel, estás sentada? Ha salido positivo, beta de 360. ¿Cómooo? No me lo podía creer. Me quedé en estado de shock. No sabía si reír o llorar. Ese sangrado no era normal. Me mandaron reposo absoluto y 2 días después repetición de la beta. Estaba embarazada pero algo no iba bien.

Guardé reposo absoluto en casa y el miércoles de vuelta a la clínica a repetir beta. Con el sangrado tan abundante que tenía no tenía esperanza de nada pero ohhh sorpresa, la beta había duplicado, 730. ¿Cómooooooo? Parecía que no todo estaba perdido. De nuevo reposo absoluto hasta el viernes que volverían a repetirla. Dos días más con sangrado muy muy abundante y el viernes confirmaron lo que imaginaba, BIOQUÍMICO. No me pilló de sorpresa y el palo no fue tan gordo porque estaba claro que algo iba mal pero al final tenía un rayito de esperanza que se desvaneció por completo. Lo que pude llorar. No podía hablar con nadie porque me ponía a llorar a la mínima. Toda la semana siguiente tuve que estar yendo a repetir beta cada 2-3 días para descartar ectópico y hasta que la beta no estuviera en menos de 10 no se iban a quedar tranquilos. Fueron momentos horribles. Después de llorar muchísimo y quedarme sin lágrimas me repuse y vi el lado positivo, al menos podía quedarme embarazada. Todavía me quedaban 2 congelados.

En junio volvimos a la clínica y empezamos con ciclo sustituido con meriestra para preparar el endometrio. Cuando estuvo listo me hicieron la transfer. Tanto bióloga como doctor se mostraron contentos con el blastocito. Estaban muy optimistas pero de nuevo batacazo, Beta 0. Y bueno, para no alargarme tanto, en octubre, el último congelado que nos quedaba tampoco cuajó. De nuevo, Beta 0. Nos habíamos quedado sin opciones.

La cosa cada vez pintaba más negra. Volvimos a la clínica para hablar de lo que había pasado y nos dicen que si queremos entrar de nuevo en el estudio. Que pueden entrar las chicas que ya estuvieron en el primero pero que no habían logrado el positivo. Económicamente es lo que mejor nos venía por lo que volvimos a la carga. La medicación fue exactamente la misma que en la anterior FIV. Esta vez tuvimos sólo tuvimos 6 óvulos maduros de los que quedaron 3 como la vez anterior. Pero esta vez si que iba a ser la buena. Me pusieron 1 de muy buena calidad. En el transfer tenían puesta música y sonaba una de mis canciones favoritas “Don’t Stop me now” de Queen. Qué buen rollo. Todo pintaba bien. Me hacía ilusión que la primera canción que hubiera “escuchado” el embrión fuera esa. Nada podía salir mal. Encima la beta la tenía el 22 de diciembre. Todo eran señales, ese día me iba a tocar la Lotería. La betaespera como siempre horrible. Me levanté muy temprano para ir a la clínica. Quería saber lo antes posible el resultado ya que mi chico se iba a pasar la Navidad a Sevilla con su familia y yo me quedaba en Madrid porque mis abuelos estaban muy malitos y podía ser la última Navidad que pasara con ellos. Esperamos la llamada pero no llegaba. Al final se tuvo que ir porque sino se le iba a hacer muy tarde. Me quedé en casa sola y de repente el teléfono. Qué nervios. Al escuchar la voz de la enfermera supe lo que me iba a decir. De nuevo negativo. Uffff!!! Creo que es la vez que peor lo pasé con diferencia. En plenas navidades, las cuales odio porque siempre me han parecido muy tristes, sola en casa, con mis abuelos ya muy mayores. Todo parecía ir en mi contra.

Me fui a tomar unas cervezas con una amiga para despejarme porque en casa me iba a volver loca. No me gusta llorar delante de la gente pero en cuanto me abrazó me derrumbé. Esa noche sola en casa dormí poco o nada. Al día siguiente en el trabajo, ya con la cabeza más despejada, empecé a buscar información sobre fallos de implantación y pruebas que podría hacerme para descartar cosas. No podía ir a por los congelados sin saber si había algo que hiciese que siempre fuera negativo. Investigué muchísimo en blogs, foros y de repente di con una inmunóloga experta en inmunología reproductiva, abortos por repetición y fallos de implantación. Vi una entrevista suya en RTVE y me conquistó. Tenía que conseguir verla y que me hiciese todas las pruebas posibles para ver si había algo. Me hice un seguro médico y comenté con mi chico y mi familia lo que tenía pensado hacer ya que ellos estaban sufriendo tanto como yo. A finales de enero fallece mi abuelo. Él, aunque era mayor, estaba bien, pero creemos que se le partió el corazón al saber que quizá no volvería a ver a mi abuela nunca más ya que estaba muy mal en el hospital. Fue decirle eso y esa misma noche murió. Fueron momentos duros ya que no podíamos descuidar a mi abuela que, aunque ya ni nos reconocía, seguía en el hospital. Me tocó el mal trago de tener que ir a darle de comer mientras el resto de la familia estaba en el tanatorio. Yo ya no podía más por lo que organizamos una escapada a Londres que me vino genial pero a la vuelta, tan sólo 11 días después de mi abuelo, falleció mi abuela. Otro palo gordo, que aunque esperado, no lo hace menos doloroso. Cuando por fin parece que todo va a empezar a ir bien, nace mi sobrina con una malformación en el pulmón y con tan solo 3 días la tienen que operar y quitarle ese medio pulmón. De verdad, yo pensaba que nos había mirado un tuerto. Todo iba de mal en peor.

Cuando todo se normalizó, mi sobrina se recuperó y yo me relajé, me puse en contacto con la inmunóloga Silvia Sánchez-Ramón que pasaba consulta en la Clínica Ruber Internacional de Madrid. Por suerte no tardó demasiado en darme la cita. En marzo tuvimos la primera donde le contamos nuestro caso y le llevamos informes. Le conté lo del estudio, las IA y FIV fallidas y me manda una batería de pruebas que irán en otro post para quien le pueda servir. Tanto las visitas como alguna de las pruebas no entraban dentro del seguro pero bueno, con la suerte que habíamos tenido con la parte económica, no me podía quejar. Me hice las analíticas. Durante la espera de los resultados me llamaron de nuevo del IVI para ofrecerme a entrar de nuevo en el mismo estudio que iba a ser ya el tercero y último. Me dijeron que mantendríamos los congelados pero que podía volver a someterme a otra FIV.  El día que tocaba ir a por los resultados yo lo único que deseaba es que me dijese que había encontrado algo que estaba mal y que tenía solución. Y así fue. Tenía la vitamina D muy baja, síndrome anti-fosfolipídico moderado pero que podía ser el causante de los fallos de implantación y dos mutaciones heterocigotas. No entendía nada pero a mi me valía y sobre todo sabiendo que había tratamiento. Ya que estaba allí le pregunté qué le parecía lo de volver a intentar otra FIV por el estudio. Me dijo que mejor que no, que hasta que no tuviera un tratamiento no volviera a intentarlo. Me convenció, al fin y al cabo era ella la experta. Me derivó a hematología, a la Clínica Santa Elena donde estaba el equipo del Dr. Fariñas que eran también expertos en reproducción y así hice, llamé para pedir cita. Me volvieron a repetir unas analíticas por algo que había salido dudoso pero todo estaba bien. Me mandó un tratamiento con heparina, adiro y vitamina D y me dio luz verde para intentarlo en la siguiente regla.

Qué emoción, estaba contenta con que hubieran encontrado algo y que tuviera tratamiento. Qué ganas de que bajase la regla. Por fin a finales de abril apareció y como siempre, llamé a la clínica. Me dieron cita con la Dra. Cerrillo que ya me había visto en otra ocasión también y me dijo que esta vez en lugar de ciclo sustituido, íbamos a ir por ciclo natural. Nada de hormonas. Le conté lo de las pruebas que me había hecho y del tratamiento que me habían mandado y me dijo que le parecía bien. Después de varios controles, cuando todo estaba preparado fuimos a la transferencia. Esta vez decidimos ponernos los dos congelados que quedaban. Me daba pánico quedarme embarazada de mellizos pero había más posibilidades. Me pusieron dos preciosos blastocitos de 5 y 6 días y a esperar.

Al contrario que en el resto de betaesperas, en esta estuve super tranquila. Hacía vida totalmente normal, había momentos en los que me olvidaba que estaba en betaespera. La parte mala, que de repente me entró una rinitis horrible, todo el día estornudado. Me imaginaba a los embris dando saltos en mi útero en cada estornudo jaja. Fueron pasando los días y no había apenas nervios hasta que en el día 8, voy al baño y zas, mancha de sangre. Era pequeña y marrón pero así empezó cuando el bioquímico. No podía ser. Me puse a llorar en el trabajo y mi chico me decía que me tranquilizase, que seguro que no era nada. Nos fuimos andando a casa y cuando llegamos fui muy nerviosa al baño a ver si seguía manchando y nada, blanco nuclear. Era buena señal. Recuerdo que esto fue un miércoles. El jueves me levanté y nada, ni rastro de sangre. ¿A ver si esta vez si que iba a ser el sangrado de implantación? El viernes no pude más y fui a la farmacia a comprar un Test de Embarazo. No le dije nada a mi chico porque sabía que se iba a enfadar. Ya el sábado por la mañana, con el primer pis, me hice el Test. Al minuto estaban las 2 rayas supermarcadas. ¡Ay madre! Que esta vez si que si estaba embarazada. Ufff, no sabía qué hacer, si reír o llorar de la emoción. Contuve la calma, fui a la habitación y le dije: sé que te vas a enfadar, pero me he comprado un Test de Embarazo y ha salido positivo. Se quedó serio y no supo que decir mas que: seguro que eso no puede dar un falso positivo? Y yo, que no que no, que si sale positivo y tan marcado, es que es positivo. No nos alegramos todo lo que debíamos porque preferíamos esperar a la beta.

Por fin el martes, día de nuestro aniversario, fui a la beta. Qué nervios. Había salido positivo y sabía que no podía fallar el TE pero y si algo había salido mal desde entonces??? A las 3 horas del análisis recibo por fin la llamada y me dice que X día tengo que ir a una eco y le digo, a una eco? Y eso? Y me dice, uy, no me digas que no te han llamado para darte el resultado. Y yo, pues no. Y me dice: pues enhorabuena, estás embarazada. La beta ha sido de 2300, puede que sean mellizos.  (jo, lo recuerdo como si fuera ayer y se me saltan las lágrimas).

SIIIIIII, por fin estaba embarazada. Lo había conseguido y en ese momento como si me dicen que son 3 jajaja. Qué alegría más grande. Llamé a mis padres, a mi hermano y a un par de amigas que estaban muy pendientes de mi. Qué contentos estábamos, por fin habíamos cumplido nuestro sueño. Las esperas, los tratamientos, los pinchazos que me quedaban por delante me daban igual, por fin había conseguido el tan ansiado embarazo. Era increíble.

Pero ayyyy, que llegó la ecoespera. Si la betaespera es mala, la ecoespera es muchiiiiisimo peor. Todo eran dudas de si seguiría ahí o no, o qué nos encontraríamos. Por fin llegamos a la eco de 5+6 y todo estaba correcto. Sólo había un embrión pero con eso me bastaba. Tamaño y todo normal. Ay qué forma de llorar jeje. Busqué clínica donde quería que me llevasen el embarazo y pedí cita y en cuestión de un mes pude ver al pequeñajo 4 veces. Cada ecoespera era horrible pero el momento en el que ves latir su pequeño corazoncito y sobre todo el momento en el que te ponen el sonido creo que es de los momentos más emocionantes de mi vida. Ahí estaba latiendo fuerte. Fueron pasando los meses, las ecos, las pruebas y por fin en enero de 2016 nació Eloy, que da nombre a este blog, para llenarnos de felicidad.

Creo que va a ir siendo hora de cerrar este post. Os tengo que confesar una cosa, no ha sido nada fácil escribirlo y recordar todos aquellos momentos vividos pero así lo viví y así tenía que contarlo.

Siento haberme extendido tanto pero no podía resumirlo. A los que hayáis llegado al final, muchísimas gracias.

En próximos post os hablaré de cómo llevé el embarazo aunque de forma muy resumida porque no recuerdo todo todo y pondré las pruebas y tratamiento que me hicieron.

Ya para cerrar, espero que si has llegado hasta aquí y has vivido o estás viviendo una experiencia como la que yo viví, decirte que no te des por vencida y que espero que tu final sea igual de feliz que el mío.

5 opiniones en “Mi infertilidad – FIV/ICSI”

  1. Ay! Qué ilusión leerte! Qué ganas de que cuentes tus cositas! Me siento tan identificada contigo. Sobre todo con esa primera IA negativa y esa sensación de “¿porque ha salido el test de embarazo negativo si yo estoy embarazada seguro?” Que ingenuas, verdad? Yo sabía que sería difícil pero no q me costase 7 intentos! En fin, ahora tenemos lo importante y todo ha merecido la pena. Un abrazo!

    1. Si que ha merecido la pena… el 7 se ha convertido en nuestro número jajajaja, ya se sabe que a la séptima va la vendida jajaja de toda la vida se ha dicho 😉

      Gracias por leerme. Ojalá nadie tuviera que sentirse identificada conmigo sólo para que no pase por todo esto, pero ya que tenemos que pasarlo, ver que no estamos solas ayuda mucho.

      Un beso

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