2 años de mi última transferencia

Hoy día 13 de mayo hace 2 años de mi última transferencia embrionaria. Si, ya han pasado 2 años desde aquel día. Parece que fue ayer. Esta última transfer fue un miércoles por la tarde. Mi chico no pudo venir a la clínica conmigo por lo que mi madre me acompañó para que no estuviera sola en ese momento y para que no condujese después de vuelta.

Por la mañana, tal y como había quedado con la ginecóloga, me puse el primer pinchazo de heparina. Qué mal lo pasamos mi pareja y yo. Yo por el pinchazo en sí y él por miedo a hacerme daño. Cuando llegamos al trabajo me miré y me sangraba la zona del pinchazo. No era capaz de conseguir que dejase de sangrar. Estuve así como 3 o 4 horas. Recuerdo que me puse muy nerviosa pensando que quizá por esa tontería me podían cancelar la transferencia. Además del sangrado, me salió el primer cardenal enorme. Empezábamos bien.

Ya por la tarde vino mi madre a recogerme a casa y por fin había dejado de sangrar. Me compré un Aquarius en el chino de la esquina y nos fuimos para allá. Me gusta ser puntual y a mi madre más, pero con los nervios y demás nos pasamos de puntuales y llegamos antes de tiempo y si hay una cosa que llevo mal es esperar y más con la vejiga llena. La espera se me hizo eterna hasta que por fin me llamaron. Entramos con un poco de retraso. Nos llevaron a la habitación donde me dejaron el camisón para que me cambiase para entrar a los quirófanos. No podía estarme quieta. Miraba por la ventana, recorría la habitación. Estaba de los nervios. Era mi primera transferencia con el nuevo tratamiento y la primera vez que me ponía 2 embriones, algo que me daba un pelín de miedito. Por fin vinieron a buscarme y me llevaron a quirófanos. Me prepararon y vino la bióloga a comprobar que era yo y a decirme que me iba a enseñar a mis embriones. Tanto bióloga como ginecóloga se mostraron muy optimistas diciendo que eran muy bonitos. Uno era un blastocito de 5 días y el otro de 6 días.

La transferencia fue muy bien. La pude ver como siempre en una pantalla que me pusieron. Me llevaron a la habitación y estuve 10 minutos tumbada con las rodillas dobladas sin poderme mover. Una vez pasados esos 10 minutos ya me podía levantar e ir a hacer pis. Lo necesitaba porque ya era horrible las ganas de mear. En todas las transferencias me ha pasado lo mismo, me da la sensación que al ir al baño el embrión se me iba a escapar jaja. Qué paranoias.

Una vez fui al baño ya me podía vestir e irme a casa. Me dieron el día de la Beta el 26 de mayo que curiosamente era mi aniversario. Todo ya presagiaba algo bueno. Mi madre me llevó a casa y estuve ya tranquila en el sofá. Había empezado la temida “BETAESPERA”.

Esta betaespera fue la más tranquila de todas. Hice vida completamente normal. Iba y volvía al trabajo como siempre andando aunque mi chico me decía de vez en cuando que cogiese el autobús, aunque yo intentaba que fueran las menos veces. En el trabajo había momentos que hasta me olvidaba de todo. La parte mala es que al día siguiente empecé con rinitis alérgica y no podía dejar de estornudar. En cada estornudo me imaginaba a los embriones dando saltos en mi útero jeje.

La betaespera fue pasando normal y tranquila hasta que el día 7 fui al baño y vi una manchita. Ayy la temida manchita. Como ya tenía precedente de manchado en otra betaespera que acabó en bioquímico empecé a llorar. De camino a casa no podía dejar de llorar y al llegar a casa lo primero que hice fue ir al baño y ni rastro de sangre. Al día siguiente lo mismo, nada. El siguiente día fui a la farmacia a comprarme un test de embarazo a escondidas de mi chico porque la tranquilidad se había ido. No podía dejar de darle vueltas, necesitaba saber algo antes del 26. El sábado por la mañana me desperté temprano y fui al baño. Dudé en hacerme el test pero al final caí. En 30 segundos la marca estaba marcada clarísimamente. No me lo podía creer. Sabía que si se lo decía a mi pareja se iba a enfadar pero no se lo podía ocultar. Fui a la habitación y le desperté. Le enseñé el test y no hubo mosqueo ni alegría, solo preguntó si podía dar falso positivo a lo que le dije que no, que si salía positivo era positivo.

Ese día quedamos a comer con unos amigos. No les dijimos nada aún sabiendo que estábamos en espera. No quería adelantar acontecimientos. Quedaban 4 días para la beta y no quería gafarlo. Pasaron los días y por fin llegó el 26 y el análisis de sangre. Fui a la clínica y de vuelta al trabajo.

Ahí si que estaba de los nervios. Nadie me llamaba. Quizá el test no había salido bien y era negativo y por eso no me decían nada. Ya a las 3 horas me llamaron. Era una enfermera para darme cita para una eco. Al notarme extrañada me dice: “¿te han llamado para decirte que estás embarazada no?” Y yo, “ehhh pues no”. Y me dice: “ayy no me digas. Pues ya te lo digo yo. La prueba de embarazo ha sido positiva y además la beta ha sido muy alta, unos 2300 por lo que puede que sea un embarazo múltiple”. Imaginaos mi cara. No sólo estaba embarazada sino que podían ser 2.

Se lo dije a mi chico y nos dimos un beso bastante comedido porque de repente hubo miedo a que saliera algo mal. De todas formas llamé a mis padres y a mi hermano para darles la noticia. Cuando le dije a mi madre que podían ser 2, mi padre que estaba escuchando dice: “¿otros dos?”. Casi le da algo jaja, ya que mi hermano tiene mellizos y una peque 2 años más pequeña. De repente se iban a plantar con 5 nietos jaja. Todos se alegraron muchísimo. Por fin les podía dar una buena noticia después de tanto negativo.

El final de la historia ya sabéis cuál es, el que da nombre a este blog. El que cada día me hace más y más feliz. Del que me siento cada día más orgullosa y al que agradezco cada día que se quisiera quedar conmigo para siempre.

Y quiero aprovechar para animaros a todas a que no os rindáis. Yo estuve a punto de rendirme muchas veces pero no lo hice y fue la mejor decisión de mi vida.

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